Los compositores murcianos

 

Discurso del Académico electo Ilmo. Sr. D. Miguel Baró Bo leído en el acto de su recepción pública el día 21 de octubre de 2002 y contestación del Excmo, Sr. D. Antonio Salas Ortiz

 

Discurso del Ilmo. Sr. D. Miguel Baró Bo

Excelentísimo Sr. Director de la Real Academia de Bellas Artes "Santa María de la Arrixaca", Ilustrísimos señores académicos, dignísimas autoridades, señoras y señores, amigos todos. Mis primeras palabras, no pueden ser sino de agradecimiento; en primer lugar a la Academia, por brindarme esta oportunidad única de participar más activamente en el ámbito de la cultura murciana, y muy especialmente en el de la Música. En segundo lugar, quiero agradecer su dedicación a todas aquellas personas que han sido partícipes en mi formación, algunas ya desaparecidas, a mi madre, que fue quien me mostró este apasionante camino y a mi esposa, que por compartir profesión comprende mis inquietudes y me apoya plenamente.

Es especialmente emotivo para mí este acto, por lo que entraña, y por el escenario en el que se desarrolla; estas paredes que nos albergan hoy, están llenas de gratos recuerdos, de miles de horas de mi vida dedicadas a la Música. Este salón llamado "de los espejos", fue mientras estuvo aquí ubicado el Conservatorio, su auditorio. Primero como alumno más tarde como profesor, he desgranado desde aquí las notas de muchos de los compositores de nuestra región, junto a los universales Bach, Mozart, Beethoven, Chopin, etc ...; si observo estas vidrieras en este momento a mi espalda, con sus ilustres nombres grabados, puedo escuchar las voces de todo aquel colectivo de personas, aquella gran familia con as gran pasión en común: la Música; traspasando la puerta de mi derecha veo aún a Da Encarnita, rodeada de expedientes, por la tarde la secretaría se convertía en aula, para albergar la cátedra de Transposición y acompañamiento, cuya titular era Ana Puig, la cual jugó un papel decisivo en mi carrera; al fondo, el despacho de D. Antonio Salas, en su etapa como vicedirector y al final el de D. Manuel Massotti Littel, director durante un largo período. En el piso de arriba, las aulas, las enseñanzas de D. José Salas que derrochaba humanidad y al que siempre me unió un vínculo muy especial; él fue quien puso en mis manos la primera partitura de un compositor murciano, con motivo del homenaje que se le tributó D. José Agüera tras su fallecimiento.

Quiero que perdonen toda esta recapitulación cargada de nostalgia, pero es un impulso irrefrenable, mencionar las sensaciones que estas estancias producen en cualquiera que haya estado vinculado de alguna forma a la Música en esta ciudad.

Voy a efectuar un recorrido a través de los protagonistas del ambiente musical murciano, que se desarrolló desde mediados del siglo XIX, hasta bien avanzada la segunda mitad del XX. Lo haré de forma testimonial con la subjetividad de implicado, que afortunadamente he tenido, sin ahondar en aspectos biográficos, sólo pretendo refrescar la memoria, puesto que todo lo que voy a leer se desvanecerá una vez, suenen, las notas de tan ilustres compositores, que como buenos murcianos nunca tuvieron grandes ambiciones para con su trabajo, simplemente lo plasmaron con tesón y talento para que el público lo disfrutara. Algunos tuvieron peor suerte que otros compatriotas, a los cuales se  les difunde con más empeño y desde el mejor medio posible: los conservatorios, implicando así a los jóvenes para que mantengan vivo ese testimonio (en este caso en forma de notas) tan fidedigno como un cuadro o una fotografía de época, ilustrativo de una forma de vida, de un sentir, de unas peculiaridades que siguen vivas en nosotros a pesar del paso del tiempo y nos confieren nuestro especial carácter. Mi verdadero tributo será, como tantas veces he hecho, interpretar a algunos de ellos y pretender de vosotros que evoquéis el escenario que les albergó en su momento y el espíritu que impregna a todo aquel que viva en esta tierra y la sienta como suya.

Cuando en 1913, Andrés Baquero saca a la luz pública su fecundo "Catálogo de los profesores de las Bellas Artes Murcianas", cita en él a pintores, escultores y arquitectos, pero no acierto a comprender porqué no dar noticias de nuestros músicos. Los había y suficientemente importantes como para aparecer en ese catálogo junto a los demás artistas.

En 1951 y de forma reincidente, se vuelve a obviar a nuestros músicos en el trabajo de Joaquín Espín "Artes y artífices levantinos". Al año siguiente, repara de alguna forma tan extraños olvidos D. Antonio Oliver con la publicación de su libro "Medio siglo de artistas murcianos", recogiendo una sucinta biografía de bastantes compositores e intérpretes de nuestra tierra que brillaron durante este período.

Con motivo de una reunión de artistas murcianos residentes en Madrid, José Camón Aznar afirmaba rotundamente en el año 1947: "el grupo de los artistas murcianos es el más nutrido y coherente de todos los regionales y el de personalidades más vigorosas". No se si en esta cita Camón Aznar, tendría en cuenta a los músicos, en cualquier caso, es innegable que algunos de ellos tenían una gran influencia dentro del panorama musical nacional, como Bartolomé Pérez Casas, Narciso Yepes etc. En cualquier caso, las especiales características de la Música, le impiden con frecuencia ser un arte cercano al gran público. La obra creada por los compositores, que han dedicado o dedican su existencia a plasmar en un papel pautado, unos signos que, aunque inertes, son algo vivo, latente, a la espera de invadir el espacio a través de las vibraciones sonoras producidas por el intérprete; estas obras, digo, querámoslo o no, forman parte de nuestro patrimonio artístico-cultural, como lo forman igualmente la pintura de nuestros pintores, la escultura de nuestros escultores, los versos de nuestros poetas o los mismísimos monumentos arquitectónicos que se conservan por doquier.

Lástima que los músicos tengan una gran desventaja respecto a los demás creadores a la hora de llegar a ese gran público y convertirse en parte de nuestro patrimonio con el merecimiento que requieren; esta adversidad es la que le imprime el carácter especial a la Música: su abstracción, su falta de corporeidad y su dependencia de un intermediario entre el creador y su público: el intérprete.

Todo esto hace que una gran parte de la música que se ha escrito en cualquier época y en cualquier lugar, duerma en algún archivo o en algún cajón olvidada, a la espera de que alguien le de vida, la haga sonar.

La pintura, escultura, arquitectura, son artes del espacio. El gesto, la inspiración del artista, deja de sí mismo un resultado "inerte", y su acto no está más que sugerido por los trazos o los volúmenes, de lo que fue en la mente del artista; la música, así como la danza o el teatro, es un arte del tiempo y nos presenta este gesto mismo en su actualidad viva y sentida, pues el gesto del intérprete es una acción real y actual, realizada delante de nosotros y no, como en la obra de arte ya realizada, el signo visible de una acción ya pasada. De esta manera, es el propio intérprete el que tiene la potestad de modelar de alguna manera la obra de arte, ya que los signos escritos en el papel, dejan una gran libertad de expresión; así, con su interpretación puede sublimar la composición, o también, porqué no decirlo, alejarse de la idea del compositor y desmerecerla o degenerarla. La figura del intérprete adquiere así un protagonismo especial y aunque no crea la obra de arte, si la recrea.

Yo quisiera dedicar mi trabajo en esta Academia, al reconocimiento y revalorización de los músicos murcianos, de manera que de verdad, su obra forme parte de nuestro acervo cultural, llegando hasta el público para el que se creó, por medio de biografías, ensayos, análisis de su obra, ediciones, grabaciones y cualquier acción que sirva para insertarlos en el seno de nuestra sociedad. Esta Academia ya trabaja en esa dirección y junto a las muchas loables iniciativas ya realizadas, debo destacar por lo inminente, la presentación de la edición del cancionero murciano de José Verdú.

Ya he comentado que hablando de Música, la figura del intérprete tiene un papel importante, al ser el transmisor de la idea musical desde el compositor hasta el público. Lógicamente no debo, dentro de los límites de un acto como este, extenderme en demasía, pero sí quisiera recordar unos intérpretes y una época, que para mí tienen un atractivo especial porque de ellos han partido las iniciativas que, lentamente han dado lugar a la actualidad musical murciana.

Alrededor de los años 30 del siglo pasado, dadas las características de la época, había en Murcia una gran cantidad de intérpretes. Tanto el cine mudo, que obligaba a tener grupos de cámara durante la representación, como los cafés, donde se hacían verdaderos conciertos, seguidos con gran interés, propiciaron el surgimiento de numerosos intérpretes, que casi siempre agrupados en conjuntos camerísticos, tenían ocasión de estar en contacto casi a diario con el público.

En la época a que me refiero, había en Murcia dos grupos principales, ambos sextetos, cuyos responsables eran los violinistas ROBERTO CORTÉS y JOSÉ SALAS, que más adelante jugarán un papel importante en la organización musical murciana. A raíz de estos grupos surgieron otros muchos, que cambiaban a menudo sus integrantes, realizando numerosos conciertos, hasta estabilizarse más tarde en el que sería el Cuarteto Beethoven.

Los integrantes de estos grupos, que como digo, eran cambiantes, son dignos del recuerdo porque lograron crear un caldo de cultivo del que saldrían empresas tan importantes como la Orquesta Sinfónica, que existió con altibajos desde 1934 a 1957. Muchos de ellos eran profesores de nuestro conservatorio y otros debían de compaginar la música con otras actividades, debido al poco arraigo social de esta profesión en la época aludida. Aunque puede que tenga algún lapsus, fundamentalmente quiero recordar a los pianistas JOSÉ CARRASCO, ENRIQUE MARTÍ, JOSÉ MARTÍNEZ ABARCA, JOSÉ AGÜERA, MARIO MEDINA, MANUEL MASSOTTI ESCUDER, MANUEL MASSOTTI LITTEL, JOSÉ SALAS, que también era violinista, junto a ANTONIO PUCHE, ROBERTO CORTÉS, ANTONIO GARCÍA RUBIO, EDUARDO SOUAN, ANTONIO SALAS, PEDRO CAMPOY, ANTONIO ACOSTA, los violas ANTONIO VELA, ANTONIO CELDRÁN, JOSÉ REOLID, los cellos, FRANCISCO ACOSTA, MARIANO RIZO, PILAR CELA, los contrabajos, JOSÉ ANTONIO CANALES, ANDRÉS ACOSTA.

Los grupos que formaban todos estos músicos, fueron más o menos efímeros, pero dejan constancia de la inquietud que desde 1930 existía en Murcia en este sentido, buscando una continuidad que hasta 1947 no se logró al crear un cuarteto, que aunque sus miembros varían en algunas ocasiones, se mantendrá con el mismo nombre hasta su disolución en el año 1971 con la muerte de FRANCISCO ACOSTA. Este grupo se denominó CUARTETO BEETHOVEN como antes he mencionado y se formó única y exclusivamente para dar a conocer las obras del repertorio, escritas originalmente para cuarteto de cuerda. La primera formación fue: ANTONIO GARCÍA RUBIO, violín, ANTONIO CELDRÁN, violín, JOSÉ REOLID, viola y FRANCISCO ACOSTA, cello. Esta nueva agrupación de cuarteto de cuerda, debido a su cohesión y al estudio constante de sus componentes, hizo su aparición en un verdadero éxito, siendo requerido constantemente para sus actuaciones por toda España e incluso en el extranjero, acumulando elogios de personalidades tan importantes como Palau, Guridi, Rodrigo, López-Chávarri, Otaño y otros tantos. Conrado del Campo, en una audición quedó tan sorprendido al escuchar su cuarteto "Caprichos románticos", que prometió dedicar al Cuarteto una obra, que fue estrenada en Murcia con asistencia de su autor y que pronto se convirtió en usual en el repertorio camerístico. Asimismo, los compositores, Manuel Palau, Mario Medina, López-Chavarri y otros, escribieron cuartetos que fueron enseguida estrenados e incluidos en su repertorio, que por cierto era extensísimo, con obras de Haydn, Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Debussy, Schumann, Brahms, Dvorak, Turina, etc. Hacia 1951, comienza a colaborar con ellos Manuel Massotti Escuder, abarcando un repertorio más amplio con la inclusión del piano, hasta que en 1953 se modifica el grupo, pasando a convertirse en Cuarteto con piano y así continuó hasta su desaparición en 1971.

En la primavera de 1933, hay un grupo instrumental murciano, famoso en todo el mundo, que ofrece dos conciertos en el Teatro Romea en el espacio de ocho días. Es una formación insólita, pero que ha adquirido tal perfección y renombre, que los mejores compositores escriben para ellos. Joaquín Turina compone la que será una de sus obras más conocidas "La oración del torero", y se la dedica en la versión original (luego, el mismo Turina, a instancias de otro murciano, Pérez Casas, hace la actual versión para orquesta de cuerda). Este grupo, quizá el de más renombre universal de Murcia, fue el Cuarteto Aguilar. Se trataba de un cuarteto poco común, porque era de laúdes y ellos, cuatro hermanos, consagraron muchos años a enaltecer el laúd, haciendo arreglos para su formación de las páginas más importantes de la literatura musical, además de difundir las que diversos compositores, además de Turina, crearon para la formación. Componían el cuarteto, Ezequiel (laudín), José (laudete), Elisa (laúd), y Francisco (laudón). En 1924 constituyen el cuarteto con los distintos laúdes, obteniendo un éxito sin precedentes. Su éxito en París, lo resume en estas palabras Joaquín Nin: "El Cuarteto Aguilar, debuta en París y un día después, su nombre es conocido en todo el mundo". Desde 1928 recorren el mundo realizando continuas giras y cuando actuaron en Murcia, se disponían a emprender su quinta tournée por América, a la que seguiría otra alrededor de todo el mundo. Grabaron discos en exclusiva para La voz de su Amo y sus programas estaban plagados de obras dedicadas al cuarteto.

Narciso Yepes y Manuel Díaz Cano, son otros intérpretes murcianos importantes, que han recorrido el mundo con sus guitarras, aunque el segundo decidió centrarse en la pedagogía, vertiendo sus conocimientos desde nuestro conservatorio.

Cuando el Cuarteto Aguilar actuaba en Murcia, en primavera de 1933 se estaba gestando el nacimiento del Orfeón, que pronto llevaría el nombre de Fernández Caballero. Esta agrupación tiene al gran mérito de ser la única empresa de aquella época que ha resistido al tiempo. El orfeón, también ha contribuido de manera especial a la difusión de la música de muchos compositores murcianos, estrenando e incluyendo en su repertorio obras de muchos de ellos.

Recordados los nombres de aquellos intérpretes que en una época dedicaron su esfuerzo a transmitir la Música, quisiera ahora hablar de los creadores que, en ocasiones son poco o nada conocidos por la sociedad.

Sólo tomando como punto de partida el siglo XIX, la lista de compositores que tienen una obra importante escrita, es significativa y pienso que dentro de nuestras posibilidades, sería una hermosa tarea, en primer lugar, hacer un archivo con la música de todos estos murcianos que en su día trabajaron para legarnos lo mejor de su pensamiento en obras que, en la inmensa mayoría, son completamente desconocidas. Partiendo de este archivo, el siguiente paso sería dar a conocer, por medio de ediciones, audiciones, grabaciones etc., aquellas composiciones que fueran más interesantes, de manera que alguno de estos músicos dejaran el anonimato, para, por medio de su música pasaran a formar parte de nuestro acervo cultural.

Comenzando por MANUEL FERNÁNDEZ CABALLERO, que vivió entre 1835 y 1906, seguirían ANTONIO LÓPEZ ALMAGRO, MARIANO SORIANO FUERTES, BARTOLOMÉ PÉREZ CASAS, EMILIO RAMÍREZ VALIENTE, JULIÁN CALVO, JOSÉ CARRASCO, MANUEL DÍAZ CANO, VICENTE ESPADA CÁNOVAS, PEDRO JIMÉNEZ PUERTAS, MANRIQUE DE LARA, ANTONIO LÓPEZ VILLANUEVA, JUAN MIGUEL MARÍN, MANUEL MASSOTTI LITEEL, CRISTÓBAL MONTOJO, PEDRO MUÑOZ PEDRERA, MARCOS ORTIZ, JOSÉ SANDOVAL, JOSÉ PÉREZ MATEOS, ALFREDO SANTOS DE LA ROSA, JOSÉ VERDÚ LANDÍVAR, ANTONIO SALAS ORTIZ, MANUEL MORENO BUENDÍA, etc...

De este nutrido grupo de compositores, podríamos decir que sólo Fernández Caballero ha tenido un reconocimiento pleno por parte del público y en el género que cultivó sobre todos, la zarzuela, ocupa un lugar muy destacado desde que obtuvo su primer triunfo con "La venganza de Palacio". Su larga lista de obras para la escena llega a doscientas, contándose entre ellas títulos tan reconocidos como "La viejecita", "El dúo de la Africana", "El señor Joaquín", "Gigantes y Cabezudos"... Estando a punto de terminar las últimas, "María Luisa" y "La Chatarrera", se sintió enfermo y falleció en 1906.

Pero parte importante de su producción permanece en el olvido, eclipsada por el éxito de sus zarzuelas. Fernández Caballero escribió un gran número de oberturas, fantasías, música religiosa e instrumental, que posiblemente darían otra magnitud a su figura de compositor, completándola con la de autor teatral.

Otra gran figura, cuya influencia se dejó sentir a nivel nacional en diversas facetas y que aún no está considerada como se merece es Bartolomé Pérez Casas, compositor y director, cuya figura ha tenido una relevancia enorme en la primera mitad del siglo XX en la música española.

Voy a transcribir lo que dice de él uno de los más grandes musicólogos españoles, Adolfo Salazar, cuando en 1930 publica su libro "La música contemporánea española": "Uno de los músicos que más influencia ha tenido en la formación de la mentalidad de nuestros jóvenes compositores, ha sido un hombre modesto y de singular valía, técnico de los más vastos alcances, admirable director de orquesta, que al frente de la Filarmónica, fundada por él en 1915, ha hecho una inmensa labor de propaganda de la música nueva europea y ha contribuido poderosamente a la renovación del gusto musical actual. Me refiero a Bartolomé Pérez Casas, de origen murciano (Lorca, 1893) cuya Suite murciana "A mi tierra", escrita en un momento en que aún se desconocía en España la música rusa se anticipa a las novedades de Rimsky Korsakoff, con un sentido constructivo más firme y más profundo. Esa Suite murciana, que fue premiada en 1906 por la Academia de Bellas Artes, junto a la ópera "La vida breve" de Falla, mereció frases de elogio de Claudio Debussy, cuando Arbós la dio a conocer en París y más tarde en Rusia y en Italia.

Bastaría esto, para que su nombre ocupase un puesto de honor a la hora de hacer un repaso a nuestro panorama musical, no sólo a nivel regional, sino nacional. Pero además de todo esto que dice de él Salazar, se le debe añadir algo que caracteriza la vida de Pérez Casas: la constancia, la continuidad. Porque si en 1915 funda la Orquesta Filarmónica, pasados treinta años, confirma la Nacional, consiguiendo una estabilidad que fue el sueño de tantos años y tantas personas. Tuvo también una dilatada labor pedagógica desde su plaza de profesor de armonía del Conservatorio de Madrid, siendo además académico de Bellas Artes.

No fue Pérez Casas compositor prolífico, pero los pocos legajos que nos dejó, nos asombran al pensar en el panorama musical de España en aquellos años en que compuso la suite "A mi tierra" y su Cuarteto con piano, en donde aparecen cosas que luego nos llegarían de Europa, pero que aquí eran prácticamente desconocidas. También compuso un poema sinfónico titulado "Calixto y Melibea" y un melodrama lírico de un acto "Lorenzo".

Hoy quiero homenajear a todos ellos, los conocidos y los desconocidos eligiendo a cinco cuya obra, por diversas circunstancias he interpretado con mayor asiduidad y han coincidido en el tiempo. Son JOSÉ SALAS, JOSÉ AGÜERA, CÉSAR CANOVAS, JULIÁN SANTOS Y MARIO MEDINA. Algunos de ellos han dedicado especial atención al piano, como ocurre con José Agüera o Mario Medina. Con José Salas me unía un afecto especial, que estuvo alimentado por los años que tuve la suerte de ser su discípulo. En realidad, en Murcia, prácticamente fue mi único profesor de piano. De César Canovas y Julián Santos siempre me atrajeron la frescura de sus melodías y la gracia con la que las expresaban. Y todos fueron contemporáneos, teniendo yo la suerte de conocerlos en mayor o menor medida.

JOSÉ SALAS ha sido uno de los músicos murcianos más importantes del pasado siglo. Nació un día de San José de 1897, falleciendo en mayo de 1974. Su figura estuvo unida a todas las iniciativas musicales de nuestra ciudad, y fue el impulsor de algunas de ellas, como la Orquesta Sinfónica, de la que fue director. Salas fue invitado por Bartolomé Pérez Casas para dirigir en Madrid a las orquestas Filarmónica y Nacional, obteniendo un gran éxito de público y crítica.

Catedrático del conservatorio, la faceta de Salas que sin embargo perdurará por encima de todas, es la de compositor, destacando principalmente en el campo sinfónico, siendo de toda su producción lo más importante, los poemas sinfónicos "La huerta canta" y "En la huerta de Murcia", en los que utiliza los ritmos y cantos populares murcianos como elementos temáticos, junto con otros originales, en una simbiosis en la que polariza la profunda radicación de su amor por la tierra que le vio nacer y que fue una constante en él durante toda su vida. De Salas interpretaré un Impromptu que data de 1933 y en el manuscrito del que tengo copia está titulado como "Repente para piano", quizá porque se compuso pensando en utilizarlo con fines didácticos en algún examen del Conservatorio.

Otro catedrático de piano del Conservatorio fue el siguiente de los compositores, cuya obra voy a mostrar. Se trata de JOSÉ AGÜERA, nacido en Murcia en 1893 y fallecido en 1960, cuya obra para piano es una de las joyas de la música escrita por compositores murcianos, siendo uno de esos artistas, que por formación y calidad de su obra merecería ocupar un puesto importante entre los compositores españoles. Pero posiblemente su modestia, o el apego a su tierra, de la que no quiso salir, le limitase a la hora de propagar su obra lejos de nuestra región.

Su producción está centrada principalmente en el campo sinfónico y el instrumental, siendo el piano, como acabo de decir, su principal destinatario. La Escollera de Torrevieja, Los Valses serios, Los preludios y Galanteos, son sin duda, pianísticamente las obras más representativas, y las que mejor definen la personalidad del músico, con su logradísimo estilo impresionista, que recuerda en su armonía a Ravel y con una inspiración rica, que gracias al estudio continuado de la obra de los grandes compositores, supo plantear con acierto en el esquema formal, que hacen de sus obras un modelo a tener muy en cuenta.

Entre su obra para orquesta, destacan sin duda su Intermedio Sinfónico, la Suite en Do y la Suite Murciana, obras que han sido interpretadas en algunas ocasiones por las diferentes orquestas murcianas. Precisamente la Suite en Do fue dedicada al director de esta Academia D. Antonio Salas, quien dirigió la orquesta en su estreno.

Como intérprete, tuvo una presencia importante en el ambiente murciano, realizando muchos conciertos, unos de piano solo, otros con violín, habiendo sido también el creador de la "Agrupación de Música de Cámara del Conservatorio de Murcia", que consistía en un cuarteto de cuerdas con piano, con los que realizó numerosos conciertos.

Como dije antes, su canción murciana fue la primera partitura de compositores murcianos que llegó a mis manos, con motivo del homenaje póstumo que se le dedicó. Esta noche interpretaré una obra muy sugerente de José Agüera, que nos introduce en el universo raveliano, con matices muy españoles. Se titula "Coplas".

El tercero de los compositores a los que quiero dedicar hoy una especial atención es CÉSAR CANOVAS, discípulo de José Agüera y compositor prolífico de pequeñas obras llenas de lirismo e inspiración armónicamente muy correctas y sin grandes pretensiones innovadoras. Yo conozco gran parte de estas piezas y desde luego que merecerían ser escuchadas con frecuencia. Agüera, que pronto se percató de sus facultades musicales, además de tenerlo como uno de sus alumnos predilectos, le dedicó "La Escollera de Torrevieja", una de sus obras más importantes. César Canovas, como digo, compuso gran cantidad de obras para el piano, muchas inspiradas en su tierra natal, con títulos tan sugerentes como Cuadros del Levante español, Malecón Murciano, Palmerales, Estío, etc. O la que figura en el programa, "Perfumes de azahar en el aire de la tarde", que no deja dudas sobre su inspiración y que quizá como correspondencia y gratitud hacia su maestro, la dedica a José Agüera. César Cánovas nació en 1915 y vive en Torrevieja, donde se trasladó hace bastantes años.

JULIÁN SANTOS es uno de esos artistas al que no se puede encasillar en ninguna corriente o estilo, porque tiene una personalidad tan especial, que lo hace brillar con luz propia. Nació en Jumilla en 1908 y prácticamente vivió en esa ciudad del altiplano hasta su muerte en 1983. Fue un músico precoz, hijo de músicos, su padre fue Alfredo Santos de la Rosa (organista y director de la banda de Jumilla) y su madre Josefa Carrión, cantante. A los 12 años, ya compuso una Misa a 2 voces y sus primeras zarzuelas, "El sueño de Niña" y "El embrujado del Rey" las firmó con 16 y 18 años respectivamente. Tras su período de formación en Murcia, Madrid y algún tiempo en Alemania, regresa a Jumilla para emprender una vida fecunda como compositor, creando obras que alcanzan gran renombre, como "Farruca", o "Los Gerifaltes", estrenada en Teatro Apolo de Valencia al conseguir el premio nacional de Zarzuelas organizado por Radio Nacional de España en 1951. Otras obras importantes en este género son "La moza de la Dehesilla" o "La niña del Boticario", en cuya portada y siendo fiel a su forma de ser escribía: "para estrenar después de mi muerte", cosa que así ocurrió y recientemente ha sido también registrada por una casa discográfica.

En su producción pianística destacan una gran cantidad de obras de pequeño formato, algunas agrupadas en colecciones, como la Suite Santa Ana, o Preludios. Ha compuesto poemas sinfónicos, cuartetos e infinidad de obras para banda.

De Julián Santos voy a interpretar una pequeña obra, llena de gracia, que retrata a la perfección la personalidad de su autor, gracioso, ingenioso, atrevido y desenfadado, cuya forma de ser nos captaba y atraía a cuantos tuvimos la suerte de conocerle. Se trata de uno de sus Preludios titulado "La coqueta y el Tímido".

MARIO MEDINA, nacido en Murcia en 1908, será el último de los compositores murcianos, cuya obra estará presente en este acto. Tuve la suerte de conocer a Mario Medina en el año 1971, cuando la Orquesta Nacional estrenó en Madrid el "Homenaje a Prokofiev" de Antón Roch, otro músico murciano, este de adopción, ya que era oriundo de Orihuela. A raíz de ese encuentro, he tenido la ocasión de conocer la obra de Mario Medina y su personalidad, interpretando gran parte de su producción pianística y camerística, manteniendo continuado contacto hasta su muerte en el año 2000.

Discípulo en Murcia de José Agüera, consigue una beca para estudiar en Madrid, piano con Enrique Aroca y composición con Joaquín Turina. Pronto se aparta de la influencia del compositor sevillano, creando un lenguaje muy particular e inconfundible, alejándose de la tonalidad tradicional, que queda plenamente superada en su obra, tomando un carácter europeísta que le aleja del nacionalismo.

Compositor prolífico, ha compuesto dentro de todos los géneros musicales: sinfónico, camerístico, instrumental, ballet, música para cine, música ligera, etc... La lista de obras que aparecen en el catálogo de la Fundación Juan March referido a los compositores españoles contemporáneos pasa de 200, a las cuales se puede tener acceso. Algunas de esas obras han sido premiadas por diversas instituciones, como la Diputación de Murcia, que en 1943 y 1946 lo hizo por su "Sinfonieta murciana'' y por su "Concierto murciano para guitarra y orquesta". El Círculo de Bellas Artes de Madrid, le otorgó asimismo el primer premio de composición por una sonata para piano y violín, estrenada por quien les habla junto con el violinista Joaquín Palomares en el propio Círculo de Bellas Artes. Su concierto para guitarra y orquesta, se estrenó en Viena y Strasburgo, por Narciso Yepes con la Orquesta Nacional dirigida por Ataúlfo Argenta y curiosamente no se conoce en España. Creo que este despropósito está apunto de ser superado y muy pronto se podrá escuchar en Murcia este concierto.

Su producción pianística es muy importante, encabezada por sus diez sonatas, le siguen multitud de Danzas y colecciones de piezas. Su "Preludio y fuga de la Petenera", dedicado a Joaquín Turina es un intento muy bien conseguido de demostrar a su maestro, en contra de lo que éste insistía, que los aires y danzas populares, son también susceptibles de ajustarse dentro de los rígidos esquemas formales clásicos.

Voy a tocar una de las obras de Medina, inspiradas en Murcia, en la que toma como punto de partida la clásica seguidilla del Jo y Ja. Esta Danza Murciana la dedica al musicólogo, investigador de nuestro folklore y compositor, además de médico, José Pérez Mateos.

Sirva pues todo lo dicho para el propósito que al comienzo he manifestado, ya que como intérprete y amante del arte, estoy en la obligación de servir de puente entre los creadores y el público, pero, quiero una vez más resaltar la calidad de todos estos artistas y mi empeño en que su obra no permanezca en el olvido, cuando desaparezcamos todos los que hoy somos conscientes del valor que poseen.

Gracias a todos.

 

Contestación del Excmo. Sr. D. Antonio Salas Ortiz Director de la Academia

limos. Sres. Académicos, Damas y Caballeros:

El cumplimiento del precepto reglamentario estableciendo que el Director, o el Académico que designe, pronunciará un discurso de bienvenida, contestando, en nombre de la Institución al leído por el recipiendario me depara la satisfactoria ocasión de pronunciar unas cariñosas palabras de salutación al nuevo miembro de esta Real Academia y al mismo tiempo de requerimiento para la colaboración que de su valía y de su entusiasmo esperamos todos.

Quien les habla es, posiblemente, el único que, siendo ya profesor de nuestro Conservatorio, conoció a Miguel Baró en su, todavía, etapa de estudiante y como alumno, precisamente de mi ilustre padre -él lo acaba de decir-. Conozco pues, directamente, la brillante carrera de nuestro nuevo compañero; siguiendo, atentamente, su proceso formativo y observando su constante y creciente curiosidad por avanzar en el conocimiento de los, a veces, casi inescrutables secretos de la música y sobre todo en cuanto concierne a su interpretación, al hacer sonidos esos signos, un tanto cabalísticos, con los que nos entendemos para convertirla en una realidad audible y admirable.

Repito que he seguido con cariñoso interés su trayectoria artística y, junto a ella, su trayectoria humana. La trayectoria artística tuvo un punto de culminación al obtener -en reñida oposición, como se dice, pero que yo doy fe de que así fue- la cátedra de Música de Cámara de nuestro Conservatorio Superior, ante tribunal constituido en el Real Conservatorio Superior de Madrid, que tuve el honor de presidir. Otro punto culminante lo alcanzó al ser elegido director del Conservatorio Superior de Música de Murcia, cargo que en la actualidad desempeña con reconocido acierto.

Respecto a su trayectoria humana ésta ha seguido la línea de caballerosidad y bondad que le caracterizan y le aseguran la consideración de la que disfruta. Caballerosidad y diligencia en cuantos asuntos se le con fían, que me decidió, inmediatamente, incorporarlo al equipo, en mi etapa de director de nuestro Conservatorio.

Pero debo dedicar mi atención al discurso que acabamos de escucharle y aunque es de sobra conocido que los músicos nos expresamos mejor haciendo música que no discursos, es lo cierto que Miguel Baró ha hecho el discurso que de él podía esperarse; esto es, el recuerdo y agradecimiento a quienes le condujeron por el difícil camino de su formación técnica y artística. La admiración a los grandes músicos que Murcia ha tenido. Haciendo hincapié en la figura magistral de Bartolomé Pérez Casas a quien la Región va a homenajear, próximamente, editando su suite ¡A mi tierra!, obra que es, sin lugar a dudas, una de las pocas grandes obras del sinfonismo español.

Miguel Baró se ocupa, atinadamente, de que por causa de su especial sustancia, el sonido ordenado, la música se encuentra encuadrada, prácticamente, a extramuros de la Historia del Arte, precisamente por ese su carácter ciertamente etéreo, y es hora de que la música que, no nos olvidemos, es ciencia mucho antes que arte, se la sitúe junto a sus hermanas: pintura, escultura, arquitectura y artes audiovisuales, ocupando el lugar que por su importancia en la vida cultural de los pueblos le corresponde.

He de registrar con satisfacción que Baró se impone ya, de entrada, el trabajo de reivindicar obras y nombres de músicos murcianos, en sus tareas académicas que debe acometer desde hoy, y para esta misión, que estimo tan justa como interesante, tendrá el apoyo de la sección entera y por supuesto el mío.

No quiero extender en demasía esta contestación al discurso del nuevo Académico porque nos aguarda lo que los músicos llamamos coda y que en esta ocasión va a estar ocupada por un recital en el que incluirá cinco breves obras de los músicos del pasado siglo más cercanos a él y a los cuales se ha referido en su discurso.

Escuchando a Miguel Baró comprobaremos, una vez más, sus magníficas condiciones de concertista y el encanto que su musicalidad nos produce pero, en su caso, reconozcamos que el discurso no ha des merecido respecto de su recital porque ha dicho, con palabra justa, algo que los murcianos que amamos el arte en todas sus manifestaciones debemos meditar y no arrinconar en el olvido del tiempo; obras y figuras que fueron importantes en determinadas etapas de la Historia del Arte de nuestra amada Región.

Debo dar fin a mis palabras de contestación al discurso del nuevo académico y, por hoy, que clausure esta sesión la música, pero no sin antes expresar, en nombre de la Academia, la satisfacción que nos produce poder contar, desde ahora, con un compañero que volcará su talento y entusiasmo en favor de las importantes tareas que le esperan y que deberá realizar, haciendo honor a la ilusión que en sus actividades académicas hemos depositado.

Acabo agradeciendo, como siempre, la asistencia a esta sesión extraordinaria de nuestro distinguido público que, con su presencia, estimula nuestra dedicación al mejor funcionamiento de nuestra querida Academia.

Sea bienvenido el Ilustrísimo Sr. D. Miguel Baró Bo quien ocupará el sillón ñ minúscula en esta Real Academia.

Se levanta la sesión. Oigamos ahora música de autores murcianos.