En el estilo francés la ornamentación está clasificada por agréments, que sirven para adornar notas, intervalos y cadencias, y se caracterizan por su brevedad, contrariamente a la ornamentación italiana, que suele ser melódica y muy elaborada, esencialmente basada en la improvisación. Los agréments se pueden relacionar, por ejemplo, con los pequeños e innumerables gestos de las manos y de los pies en una danza. Se indicaban en la partitura con pequeños signos gráficos, algunos de los cuales eran comunes, mientras que la mayoría eran propios de cada compositor, que, a la hora de publicar su obra, se veía a veces obligado a explicar su significado con ejemplos y otras explicaciones, análogamente a lo que se hace hoy en muchas obras contemporáneas.
Jacques Hotteterre publicó una tabla de ornamentos al comienzo de su Premier Livre de Suites, donde, debajo de cada signo, hay una ejemplificación aproximada de su ejecución. En ella no aparecen otros importantes adornos como los varios tipos de tremblements (trinos), que Hotteterre indica con una cruz, o el flattement (vibrato de dedo), que sin embargo en el Avertissement recomienda de hacer en las notas largas, y al que había ya dedicado el capítulo IX de su tratado Principes de la flute.
Según coinciden los tratados de la época, estos ornamentos, algunos de ellos basados en la técnica vocal, tenían que ejecutarse con el mayor efecto hacia los oyentes, enriqueciendo la pieza de pequeños e incesantes gestos expresivos, que debían ser tocados con precisión y calibrando al máximo dinámica, velocidad y acentuación. Quantz dedica a los agréments (que llama ornamentos "esenciales") todo el cap. VIII de su tratado, y, recomienda especialmente su estudio, que, según dice, es lo mejor para conseguir elasticidad y ligereza en el movimiento de los dedos.